Publicado el sábado, 28 de enero de 2017 a las 17:43 horas por en la categoría: 2016-2017, OSASUNA.

JORNADA 20 – 27/01/2017 [Osasuna – Malaga C.F.]

Por Gabriel Asenjo

Creo que el fútbol, ante todo, es cariño. Pura comunicación de afectos. De pocos sentimientos se sabe que, en una noche de viernes de invierno y lluvia, para 14.262 personas el frío se convierta en un incendio de ilusiones.

Me refiero a un Osasuna – Málaga (1-1) en el que Osasuna una vez más no pudo responder a esas decenas de miles de cartas de ilusión que le envía su gente cada semana. Otra vez empate a uno dirigido al centro de flotación de los sueños cuando se daba por hecha la victoria navarra. Y eso que el portero navarro dio vida a los sueños parando un penalti con los móviles de la grada iluminando la noche en modo linterna.

Del fútbol, más que del buen juego del que se tienen pocas noticias esta temporada, me admira la seducción que ejerce. Emociona porque es de esos sentimientos que entran por el corazón.

Hace tiempo que no pisaba el Sadar. Saludo viejos conocidos, pero me sigue sorprendiendo la ilusión previa que genera lo que se llama el prepartido. También me sorprende que jugando el Málaga algunos en la grada hablen más del Athletic de Bilbao y Oberena que del rival de Osasuna. Curiosamente, hablan desde las redes sociales. Al final lo entiendo. Osasuna, como una familia al borde de la quiebra y del desahucio, implora socorro. Sin embargo, me explican, acaba de recibir el rechazo del club que se supone representa el paradigma del pamplonesismo osasunista: Oberena que ha preferido colaborar con el Athletic de Bilbao. Así el fútbol me recuerda a las redes sociales: entran en juego demasiados zascas y fobias incendiarias.

Escucho desde megafonía reclamos de ayuda y me entra una duda: No sé hasta que punto resulta cierto eso de que Osasuna es una de las pocas banderas que nos une y todas esas cosas que se suelen escuchar. Me da la impresión de que Osasuna cuenta con más enemigos en su entorno que el rival de cada jornada. Demasiado juego sucio en casa comenzando por exdirectivos a los que una parte de la grada recuerda, maquilladores de cuentas y resultados que dejaron el club hecho unos zorros en tesorería y en su fama.

Quizá estas conductas deberían irritar más que la de su rival rojiblanco que, al fin y al cabo, ejecuta la política de minimizar a los competidores más próximos y disfrutar luego de sus productos deportivos que, paradójicamente, crecen desde los impuestos del contribuyente navarro destinados a monitores, material e infraestructuras de deporte base.

Pero volviendo a la realidad del partido, en el minuto 79, nada más adelantarse Osasuna, sucedió lo que suele ocurrir con los más humildes, que nos piden ayuda y no estamos. El meta rojillo no estaba cuando el equipo le necesitaba. Al perro flaco, ya se sabe. Pero casi 15.000 personas estaban. Y siguen convencidas que su equipo es una ilusión. Algo debe tener Osasuna.

 

Los comentarios están deshabilitados.